Back El equipo científico del MUJA y la Universidad de Geociencias de China documentan en Asturias los primeros rastros de lagartos jurásico de Europa
- La excelente conservación permite asignar estos rastros al icnogénero Rhynchosauroides
- Se trata de los únicos rastros de lagartos bien documentados del Jurásico Superior a nivel mundial
03/03/2026.- El equipo científico del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), integrado por Laura Piñuela, Ángel García-Pérez y José Carlos García-Ramos, junto con el investigador Lida Xing, de la Universidad de Geociencias de China, han documentado por primera vez en Asturias rastros de lagartos del Jurásico, muy escasos en el registro fósil post-Triásico. El artículo que recoge los resultados de la investigación ha sido publicado en línea a finales de febrero de este año en la prestigiosa revista internacional Ichnos, del Grupo Taylor & Francis.
La investigación trata sobre dos rastros (T1 y T2) que se conservan como relieves abultados (contramoldes) en la base de un estrato de arenisca del Jurásico Superior, con una edad en torno a los 152 millones de años, procedente de los acantilados al este de la playa de España (Villaverde, Villaviciosa). En la actualidad forman parte de la colección del MUJA y se exhiben en la sala del Jurásico Asturiano.
Las icnitas de las manos y de los pies, en ambos rastros, varían de tetradáctilas a pentadáctilas, son asimétricas y la longitud de los dedos aumenta progresivamente del I al IV, siendo este último el más largo. Su excelente conservación y la morfología que presentan estas huellas permite atribuirlas a un lagarto y asignarlas a Rhynchosauriodes. Este icnogénero ampliamente distribuido por el Pérmico y Triásico, es muy escaso en el Jurásico, representando lo ejemplos asturianos su última aparición en el registro fósil global.
El rastro T1 está formado por 7 icnitas (4 de manos y 3 de pies) y fue producido por un lagarto de unos 50 cm de longitud. El T2 consta de 6 icnitas (3 de manos y 3 de pies) y se debe a un individuo algo más pequeño, de unos 30 cm de largo.
Llama la atención en el rastro T1 la presencia una estructura casi continua, ancha, recta, con muy poco relieve y sección en V que ocasionalmente se sitúa fuera del mismo. La morfología de esta estructura permite identificarla como la marca de la cola que en condiciones de desplazamiento normal del lagarto se situaría paralela a la línea media del rastro. Además, se observa que la distancia entre las icnitas de las manos y las de los pies varia a lo largo del rastro, haciéndolo muy irregular.
Para entender esta anomalía en el desplazamiento, reflejada en la irregularidad del rastro, se realizaron varios experimentos con dos lagartos actuales, el ocelado y el barbudo. Las pruebas, no invasivas, fueron realizadas con ejemplares en cautividad en un centro de la ciudad de Jiangyin en la provincia de Jiangsu (China). Cuando los lagartos actuales, principalmente los ejemplares juveniles, pasaban de un estado estático a uno en movimiento realizaban giros bruscos generando un rastro similar al ejemplar fósil asturiano.
Los lagartos produjeron estas huellas mientras se desplazaban por un fango semi-consolidado de los deltas de la época, los cuales desembocaban en un mar interior desprovisto de mareas y protegido del fuerte oleaje por una barrera externa que lo separaba del mar abierto, lo que facilitó la conservación de las icnitas.
El resumen del artículo puede consultarse en: https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/10420940.2026.2634103#abstract.